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25 de noviembre de 2014

Hermanos Álvarez Quintero - Vida y Obra



Serafín Alvarez Quintero ( Utrera 1871 - Madrid 1938 ) y Joaquín Alvarez Quintero ( Utrera 1873 - Madrid 1944 ), conocidos como los hermanos Alvarez Quintero, son unos dramaturgos andaluces, autores de obras que encarnan el costumbrismo popular basado en el sainete o la comedia. Hay que resaltar que toda su obra fue escrita al alimón, entre ambos, e incluso se da la curiosidad que, fallecido Serafín, su hermano Joaquín firmaba las obras con el nombre de los dos.

Comenzaron a escribir juntos pequeñas obras que tepresentaban en el patio de su casa y se trasladaron a Sevilla, donde ambos trabajaron en el Ministerio de Hacienda, mientras continuaban escribiendo y realizando colaboraciones para alguna revista. 

En 1888 vivieron su primer éxito en el teatro al representarse su obra Esgrima y amor en el teatro Cervantes de Sevilla. anteriormente ya habian sido representadas algunas de sus obras, como el ojito derecho o la reja.

A lo largo de su carrera llegaron a escribir unos 200 obras, destacando entre ellas El genio alegre (1906), Malvaloca (1912), La puebla de las mujeres (1912), Mariquilla Terremoto (1930), La sangre gorda (1909).

Sus obras resultaban sencillas de entender para el pueblo, utilizaban el habla del sur pero sin artificios ni exageraciones, con envidiable respeto. Sus detractores les acusaban de crear un teatro superficial, sin realizar una crítica social ni aprovechar el teatro para dejar asomar las carencias de la población. A pesar de ello su carrera fue exitosa, hijos predilectos de Sevilla y Utrera, adoptivos de Málaga y Zaragoza, ambos gozaron del honor de pertenecer a la Real Academía de la Lengua.

Su estilo es ágil con dialogos fluidos y muy animados, sus personajes están caracterizados de tipos populares y las situaciones son reflejo de de las costumbres del momento. El lenguaje es un castellano depurado pasado por el acento andaluz pero sin exageraciones o chabacaneria.

No aportan nada técnica ni estructuralmente al teatro, nunca pasaron más allá en su critica social que se detiene en el ternurismo. Sus comedias son burguesas que ofrecen un perfil amable de Andalucía, un perfil de buenismo. Cualquier atisbo de conflicto dramatico se solapa por la alegria de vivir y la felicidad final de los personajes.










LA SANGRE GORDA








GANAS DE REÑIR





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25 de enero de 2011

Gutierrez de Cetina - Vida y obra


Gutierrez de Cetina - Sevilla
Gutierrez de Cetina - Sevilla

OJOS CLAROS Y SERENOS

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?

Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquél que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.

¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.


Gutierrez de Cetina (Sevilla, 1520 - México, 1557), poeta español del Renacimiento y del Siglo de Oro español.

De familia noble y acomodada, vivió un largo tiempo en Italia, en donde fue soldado a las órdenes de Carlos I. En ese país entró en contacto con la lírica petrarquista que tanto habría de influir en él; leyó a Tansillo, Ludovico Ariosto y Pietro Bembo, pero su lírica se inspira fundamentalmente en la del toscano Francesco Petrarca, en la del valenciano Ausiàs March y en la del toledano Garcilaso de la Vega.

Pasó mucho tiempo en la corte del príncipe de Ascoli, al que dedicó numerosos poemas, y frecuentó también a Luis de Leyva y al insigne humanista y poeta Diego Hurtado de Mendoza. Adoptó el sobrenombre pastoril de Vandalio y compuso un cancionero petrarquista a una hermosa mujer llamada Laura Gonzaga. A tal dama está dedicado el famoso madrigal que ha pasado a todas las antologías de la poesía en castellano.

NO MIRÉIS MÁS

No miréis más, señora,
con tan grande atención esa figura,
no os mate vuestra propia hermosura.

Huid, dama, la prueba
de lo que puede en vos la beldad vuestra.
Y no haga la muestra
venganza de mi mal piadosa y nueva.

El triste caso os mueva
del mozo convertido entre las flores
en flor, muerto de amor de sus amores.



¡AY, QUÉ CONTRASTE FIERO...!

¡Ay, qué contraste fiero,
señora, hay entre el alma y los sentidos,
por decir que os doláis de los gemidos!

Ninguno dellos osa:
cada cual se acobarda y se le excusa
al alma deseosa,
que de su turbación la lengua acusa.

Ella dice confusa
que os dirá el dolor mío,
si la deja el temor de algún desvío;
pero de un miedo frío
la cansa el corazón, y de turbada,
cuando algo os va a decir, no dice nada.

Al corazón no agrada
la excusa, y dice que es della la mengua,
que el quejarse es efecto de la lengua.
El uno al otro amengua;
el vano pensamiento
no sabe dar consejo al desatiento.

La razón sierva siento,
que sabía un tiempo entre ellos ser señora,
y el esfuerzo enflaquece de hora en hora.
La mano no usa agora
del medio que solía;
que el temor la acobarda y la desvía.

La sangre corre fría
a la parte más flaca, y de turbado,
el triste cuerpo tiembla y suda helado.
¡Ay, rabioso cuidado!
Pues si el alma contrasta a los sentidos,
¿quién dirá que os doláis de mis gemidos?



¡AY, SABROSA ILUSION, SUEÑO SUAVE !

¡Ay, sabrosa ilusión, sueño süave!,
¿quién te ha enviado a mí? ¿Cómo veniste?
¿Por dónde entraste el alma o qué le diste
a mi secreto por guardar la llave?

¿Quién pudo a mi dolor fiero, tan grave,
el remedio poner que tú pusiste?
Si el ramo tincto en Lete en mí esparciste,
ten la mano al velar que no se acabe.

Bien conozco que duermo y que me engaño,
mientra envuelto en un bien falso, dudoso,
manifiesto mi mal se muestra cierto.

Pero, pues excusar no puedo un daño,
hazme sentir, ¡oh sueño pïadoso!,
antes durmiendo el bien, que el mal despierto.




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