21 de noviembre de 2014

María Madre de la Iglesia -






El dia 21 de noviembre de 1964, dentro de los actos de finalización del Concilio Vaticano II, el Beato Pablo VI, proclama a MARIA como MADRE DE LA IGLESIA.

Solo una una imagen mariana sevillana tiene el honor de tener ese título, MARIA SANTÍSIMA DE CONSOLACION MADRE DE LA IGLESIA titular de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sed.

Este es el discurso en el cual Su Santidad hace la proclamación.



DEL DISCURSO DEL
PAPA PABLO VI
AL FINAL DE LA SESIÓN DEL
CONCILIO VATICANO II
EN EL QUE SE PROCLAMA A

MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA


1. Nuestro pensamiento, venerables hermanos, no puede menos de elevarse, con sentimientos de sincera y filial gratitud, a la Virgen Santa, a Aquella que queremos considerar protectora de este Concilio, testigo de nuestros trabajos, nuestra amabilísima consejera, pues a Ella, como celestial Patrona, juntamente con San José, fueron confiados por el Papa Juan XXIII, desde el comienzo, los trabajos de nuestras sesiones ecuménicas1.

2. Animados por estos mismos sentimientos, el año pasado quisimos ofrecer a María Santísima un solemne acto de culto en común, reuniéndonos en la basílica Liberiana, en torno a la imagen venerada con el glorioso título de Salus Populi Romani.

3. Este año, el homenaje de nuestro Concilio se presenta más precioso y significativo. Con la promulgación de la actual Constitución*, que tiene como vértice y corona todo un capítulo dedicado a la Virgen, justamente podemos afirmar que la presente sesión se clausura como un incomparable himno de alabanza en honor de Maria.

4. Es, en efecto, la primera vez -y decirlo Nos llena el corazón de profunda emoción- que un Concilio Ecuménico presenta una síntesis tan extensa de la doctrina católica sobre el puesto que María Santísima ocupa en el misterio de Cristo y de la Iglesia.

5. Esto corresponde a la meta que este Concilio se ha prefijado: manifestar la faz de la Santa Iglesia, a la que María está íntimamente unida, y de la cual, como egregiamente se ha afirmado, es «la parte mayor, la parte mejor, la parte principal y más selecta»2.

6. La realidad de la Iglesia ciertamente no se agota en su estructura jerárquica, en su liturgia, en sus sacramentos, ni en sus ordenamientos jurídicos. Su esencia íntima, la principal fuente de su eficacia santificadora, se debe buscar en su mística unión con Cristo; unión que no podemos pensarla separada de Aquélla que es la Madre del Verbo Encarnado, y que Cristo mismo quiso tan íntimamente unida a Él para nuestra salvación. Y ciertamente que debe encuadrarse en la visión de la Iglesia la contemplación amorosa de las maravillas que Dios ha obrado en su Santa Madre. Y el conocimiento de la doctrina verdaderamente católica sobre María será siempre la clave de la exacta comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia.

7. La reflexión sobre estas íntimas relaciones de María con la Iglesia, tan claramente establecidas por la actual Constitución conciliar, Nos permite creer que éste es el momento más solemne y más apropiado para dar satisfacción a un voto que, señalado por Nos al término de la sesión anterior, han hecho suyo muchísimos Padres Conciliares, pidiendo insistentemente una declaración explícita, durante este Concilio, de la función maternal que la Virgen ejerce sobre el pueblo cristiano. A este fin hemos creído oportuno consagrar en esta misma sesión pública un título en honor de la Virgen, sugerido por diferentes partes del orbe católico, y particularmente entrañable para Nos, pues con síntesis maravillosa expresa el puesto privilegiado que este Concilio ha reconocido a la Virgen en la Santa Iglesia.

8. Así, pues, para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, Nos proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, así de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa, y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título.

9. Se trata de un título, venerables hermanos, que no es nuevo para la piedad de los cristianos; antes bien, con este nombre de Madre, y con preferencia a cualquier otro, los fieles y la Iglesia entera acostumbran a dirigirse a María. Ciertamente que ese título pertenece a la esencia genuina de la devoción a María, encontrando su justificación en la dignidad misma de la Madre del Verbo Encarnado.

10. La divina maternidad es, en efecto, el fundamento de su especial relación con Cristo y de su presencia en la economía de la salvación operada por Cristo, y también constituye el fundamento principal de las relaciones de María con la Iglesia, por ser Madre de Aquél que, desde el primer instante de la Encarnación en su seno virginal, unió a Sí mismo, como a Cabeza, su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. María, pues, como Madre de Cristo, es Madre también de todos los fieles y de todos los pastores, es decir, de toda la Iglesia.

11. Con ánimo, por lo tanto, lleno de confianza y amor filial elevamos a Ella la mirada, no obstante nuestra indignidad y flaqueza. Ella, que nos dio con Cristo la fuente de la gracia, no dejará de socorrer a la Iglesia ahora, cuando, floreciendo en la abundancia de los dones del Espíritu Santo, se consagra con nuevo y más empeñado entusiasmo a su misión salvadora.

12. Nuestra confianza se aviva y confirma, aún más, al considerar los vínculos estrechos que ligan al género humano con nuestra Madre celestial. Aun en medio de la riqueza en maravillosas prerrogativas con que Dios la ha honrado, para hacerla digna Madre del Verbo Encarnado, está muy próxima a nosotros. Hija de Adán, como nosotros, y, por lo tanto, Hermana nuestra con los lazos de la naturaleza, es, sin embargo, una criatura preservada del pecado original en previsión de los méritos de Cristo, y que a los privilegios obtenidos une la virtud personal de una fe total y ejemplar, mereciendo el elogio evangélico: «Bienaventurada, porque has creído». En su vida terrenal realizó la perfecta figura del discípulo de Cristo, espejo de todas las virtudes, y encarnó las bienaventuranzas evangélicas proclamadas por Cristo. Por lo cual, toda la Iglesia, en su incomparable variedad de vida y de obras, encuentra en Ella la más auténtica forma de la perfecta imitación de Cristo.

13. Por lo tanto, esperamos que con la promulgación de la Constitución sobre la Iglesia, sellada por la proclamación de María Madre de la Iglesia, es decir, de todos los fieles y pastores, el pueblo cristiano se dirigirá con mayor confianza y con fervor mayor a la Virgen Santísima y le tributará el culto y honor que le corresponden.

14. En cuanto a nosotros, ya que entramos en el aula conciliar, a invitación del Papa Juan XXIII, el 11 de octubre de 1962, a una con María, Madre de Jesús, salgamos, ahora, al final de la tercera sesión, de este mismo templo, con el nombre santísimo y gratísimo de María, Madre de la Iglesia.

15. En señal de gratitud por la amorosa asistencia que nos ha prodigado durante este último periodo conciliar, que cada uno de vosotros, venerables hermanos, se comprometa a mantener alto en el pueblo cristiano el nombre y el honor de María, señalando en Ella el modelo de la fe y plena correspondencia a toda invitación de Dios, el modelo de la plena asimilación de la doctrina de Cristo y de su caridad, para que todos los fieles, unidos en el nombre de la Madre común, se sientan cada vez más firmes en la fe y en la adhesión a Cristo, y a la vez fervorosos en la caridad para con los hermanos, promoviendo el amor a los pobres, la adhesión a la justicia, la defensa de la paz. Como ya exhortaba el gran San Ambrosio: Viva en cada uno el espíritu de María para ensalzar al Señor: reine en cada uno el alma de María para gloriarse en Dios3.

16. Especialmente queremos que aparezca con toda claridad que María, humilde sierva del Señor, se relaciona completamente con Dios y con Cristo, único Mediador y Redentor nuestro. E igualmente que se expliquen la naturaleza verdadera y la finalidad del culto mariano en la Iglesia, especialmente donde hay muchos hermanos separados, de forma que cuantos no forman parte de la comunidad católica comprendan que la devoción a María, lejos de ser un fin en sí misma, es un medio esencialmente ordenado para orientar las almas hacia Cristo, y de esta forma unirlas al Padre, en el amor del Espíritu Santo.

17. Al paso que elevamos nuestro espíritu en ardiente oración a la Virgen, para que bendiga el Concilio Ecuménico y a toda la Iglesia, acelerando la hora de la unión entre todos los cristianos, nuestra mirada se abre a los ilimitados horizontes del mundo entero, objeto de las más vivas atenciones del Concilio Ecuménico, y que nuestro predecesor, Pío XII, de viva memoria, no sin una inspiración del Altísimo, consagró solemnemente al Corazón Inmaculado de María. Creemos oportuno, particularmente hoy, recordar este acto de consagración. Con este fin hemos decidido enviar próximamente, por medio de una misión especial, la Rosa de Oro al santuario de la Virgen de Fátima, muy querido no sólo por la noble nación portuguesa -siempre, pero especialmente hoy, apreciada por Nos-, sino también conocido y venerado por los fieles de todo el mundo católico. Así es como también Nos pretendemos confiar a los cuidados de la Madre celestial toda la familia humana, con sus problemas y sus afanes, con sus legítimas aspiraciones y ardientes esperanzas.

18. Virgen María Madre de la Iglesia,
te recomendamos toda la Iglesia, nuestro Concilio Ecuménico.
19. Tú, «Socorro de los obispos», protege y asiste a los obispo, en su misión apostólica, y a todos aquellos, sacerdotes, religiosos y seglares, que con ellos colaboran en su arduo trabajo.

20. Tú, que por tu mismo divino Hijo, en el momento de su muerte redentora, fuiste presentada como Madre al discípulo predilecto, acuérdate del pueblo cristiano que se confía a Ti.

21. Acuérdate de todos tus hijos; presenta sus preces ante Dios; conserva sólida su fe; fortifica su esperanza; aumenta su caridad.

22. Acuérdate de los que viven en la tribulación, en las necesidades, en los peligros, especialmente de los que sufren persecución y se encuentran en la cárcel por la fe. Para ellos, Virgen Santísima, solicita la fortaleza y acelera el ansiado día de su justa libertad.

23. Mira con ojos benignos a nuestros hermanos separados, y dígnate unirlos, Tú, que has engendrado a Cristo, puente de unión entre Dios y los hombres.

24. Templo de la luz sin sombra y sin mancha, intercede ante tu Hijo Unigénito, Mediador de nuestra reconciliación con el Padre4, para que perdone todas nuestras faltas y aleje de nosotros toda discordia, dando a nuestros ánimos la alegría de amar.

25. Finalmente, a tu Corazón Inmaculado encomendamos todo el género humano; condúcelo al conocimiento del único y verdadero Salvador, Cristo Jesús; aleja de él los males del pecado, concede a todo el mundo la paz en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor.

26. Y haz que toda la Iglesia, al celebrar esta gran asamblea ecuménica, pueda elevar al Dios de las misericordias el majestuoso himno de alabanza y agradecimiento, el himno de gozo y alegría, puesto que grandes cosas ha obrado el Señor por medio de Ti, oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
.......................
1 Cf. A.A.S. 53 (1961) 37 ss., 211 ss., 54 (1962), 727. 
* Se refiere a la Constitución dogmática sobre la Iglesia (Lumen gentium), cuyo capítulo VIII, está dedicado a la Virgen (N. del E.).
2. Rupett. In Apoc 1, 7, 12; PL 169, 1043.
3 S. Ambr. Exp. in Luc 2, 26; PL 15, 1642.

4 Rom 5, 11.






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20 de noviembre de 2014

Calle hombre de piedra - Leyenda sevillana



Siglo XV, una estatua en plena calle, Sevilla tenía que adornar con leyenda este raro fenómeno y surge otra de las sin par leyendas que jalonan nuestra historia.

Para hablar de esta leyenda hay que hacer mención a la orden dada por el rey Juan II ( Toro 06/03/1405 - Valladolid 22/07/1454; Rey de Castilla de 1406 a 1454 e hijo de Felipe el Doliente y Catalina de Lancaster ); dicha orden puede verse hoy en día en una lápida que acompaña a la Cruz  que se encuentra en la fachada de la Iglesia Parroquial de El Salvador.

Esa cruz se encontraba en la plaza actual y reflejaba el lugar donde estaba el cementerio de la feligresía, en el S. XVIII habida cuenta que las cruces estorbaban para el paso de personas y carruajes, el asistente Pablo de Olavide mandó que se colocasen en las fachadas de las iglesias.


La lápida referida tiene por leyenda:

El rey i toda persona que
topare el Santísimo Sacramento
se apee, aunque sea en el lodo
so pena de 600 maravedises
según la loable costumbre desta ciudad,
o que pierda la cabalgadura,
y si fuere moro de catorce años arriba
que hinque las rodillas
o que pierda todo lo que llevare vestido..

Se comprueba como en esos años, S. XV, el culto y respeto al Santísimo estaba extendido en la península, obligando a cuantos viesen una procesión con la Sagrada Forma, algo habitual al llevar consuelo a enfermos o dar extremaunción a moribundos, a que se arrodillasen so pena de abonar importantes cantidades como multa o  perder el patrimonio.

Conocida ya la situación del momento es hora de contar el porque la calle "hombre de piedra" de denomina así, cuando, hasta bien entrado el siglo XV, la calle de llamó "buen rostro"

Pues en esta calle de la collación de San Lorenzo, entre las calles Santa Clara y Jesús del Gran Poder, había una taberna y cierto día estaban unos paisanos tomando unos vinos  en ella cuando se aproximo al lugar una procesión, varias personas con velas y el párroco que portaba la Sagrada Forma para dar la comunión a un enfermo de la feligresía. Aquellos que estaban en la taberna dejaron su charla y se arrodillaron ante la procesión, todos menos uno, Mateo, apodado "el rubio" no lo hizo, e incluso se mofó de aquellos amigos que lo habían hecho, asegurando que el nunca pondría sus rodillas en tierra, añadiendo que el se quedaría en pie para siempre.

Lo que a continuación sucedió fue lo extraordinario, un estruendo resonó en la calle y un rayo cayó sobre Mateo enterrando su cuerpo en tierra hasta las rodillas, y transformándolo en piedra.

Aún hoy se puede observar en la calle, en una hornacina, deteriorada por el tiempo, una estatua del cuerpo de este pecador hecho piedra.

Hasta aquí la historia que el pueblo de Sevilla creó para explicar el porqué de aquel busto de piedra en tan extraño lugar, pero en honor a la verdad la explicación más plausible de los hechos es que aquella estatua se encontraba en el lugar colocada por los romanos, y perteneciente a una de sus termas; los árabes la mantuvieron marcando con ella el lugar donde estaban los baños públicos que ellos llamaban, en buena lógica, "baños de la estatua".




Y para aquel que no la conozca, aquí la localización de la calle, para que podáis visitarla y ver a Mateo "El Rubio"



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19 de noviembre de 2014

Calle Sierpes - Leyenda de Sevilla



Esta es quizás la leyenda más popular de Sevilla, la importancia de la calle que se refiere en ella hace que sea de las primeras historias que todos los sevillano oímos acerca de nuestra ciudad.

A finales del siglo XV, cuando aún no había terminado la Reconquista, Sevilla era el lugar de paso para las tropas que se dirigían al reino de Granada. Se trataba de una frontera insegura que permitía infiltrarse fácilmente a individuos armados y merodeadores. En muchas ciudades, y por supuesto en Sevilla, había barrios de personas descontentas que siempre estaban dispuestos a fomentar la revuelta. Para agravar más la situación, los nobles españoles estaban divididos en bandos, todos hostiles al poder real que intentaba disminuir sus privilegios para fortalecer la autoridad de la Corona.

Por aquel entonces comenzaron a ocurrir en Sevilla siniestros sucesos… con frecuencia faltaban niños. Unas veces desaparecían en la noche de sus casas, robados de sus propias cunas; otras veces desaparecían al atardecer, sin regresar de sus juegos a sus casas, sin que jamás se volviera a saber de ellos.

Cundió la alarma en la ciudad con mil rumores. Unos decían que los niños eran robados por judíos para sacrílegas parodias de la crucifixión de Cristo; otros aseguraban que los niños eran robados por bandidos moros y llevados a los palacios del rey de Granada para convertirlos en esclavos; otros, que más bien eran piratas turcos que remontaban el Guadalquivir en barcas, entraban en la ciudad disfrazados de mercaderes para llevarse los niños y venderlos en los mercados del gran Sultán de Constantinopla.

Pero cierto día un hombre se presentó en casa de Don Alonso de Cárdenas, que por aquel entonces regentaba la ciudad. Aquel hombre no quiso mostrar su rostro ni decir su nombre. Venía a hablar del asunto de los robos de los niños que tan acongojada tenía a la ciudad. Don Alonso le preguntó si sabía quién o quiénes eran los autores, y que si le ayudaba a prenderlos los haría quemar a fuego lento en el campo de Tablada o los mandaría a descuartizar entre cuatro caballos en la Plaza de San Francisco.

El hombre le preguntó que cuál sería su recompensa si le ayudase a terminar con aquel grave asunto. Don Alonso le dijo que el premio sería lo que el quisiera; el hombre pidió su libertad pero como  no se fiaba de las promesas de Don Alonso, pidió un compromiso por escrito ante un escribano y Don Alonso aceptó.

Delante del escribano explicó que era un preso fugitivo, que se había escapado de los calabozos de la cárcel a través de las antiguas cloacas, y fue intentando huir por aquellos laberintos estrechos cuando encontró a quien robaba los niños. Don Alonso firmó el escrito en el que se redactaba que perdonaba de sus delitos y liberaba a este hombre llamado Melchor de Quintana y Argüeso, bachiller en Letras por los Estudios de Osuna, tercera Universidad de España. Melchor le dijo que no sólo le diría quién era el autor de los secuestros sino que le llevaría hasta él, ya que lo había matado hacia dos días.

Se dirigieron entonces a la calle Entrecárceles y entraron en el caserón de la cárcel Real, llegaron al calabozo dónde había estado encarcelado Melchor y  bajaron por las cloacas hasta llegar a un lugar dónde se cruzaban varias galerias. Fue entonces cuando Melchor dijo: ” Ahí tenéis al ladrón y matador de niños”. Y levantando la antorcha para iluminar mostró a los acompañantes el cuerpo de un monstruoso animal, que en un principio parecía un cocodrilo o un dragón pero que finalmente reconocieron como una gran serpiente, de temible aspecto.

Uno de los alguaciles armados reconoció la galería y afirmó que en efecto era aquella gran bestia la que robaba a los niños saliendo por otras cloacas al interior de las casas pues había visto por el suelo algunos restos infantiles.

Don Alonso se dirigió a Melchor y le dijo que era libre, que podía marchar a donde quisiera pero que pasara antes por la Casa Consistorial dónde le darían algún empleo si quería quedarse en Sevilla o dinero para que volviera a su pueblo si así lo deseaba.

Don Alonso ordenó que el disforme “cuerpo de la Sierpe” fuera sacado de aquella galería y fuese expuesto en la calle de Espaderos. A fuerza de repetir el relato de lo sucedido a esta calle se le empezó a llamar ” La calle de la Sierpe”, borrándose así la memoria del nombre que antes tenía, Espaderos.

Texto extraído del libro "Leyendas y tradiciones de Sevilla" de D. José María de Mena.



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18 de noviembre de 2014

Doña Leonor Dávalos y su trágica muerte.



Por artículos anteriores se conoce ya la fama, totalmente justificada, de persona iracunda que atesoró a lo largo de su reinado Pedro I "El Cruel". Como casi siempre que aparece en escena el monarca, la muerte o la tragedia forman parte de la historia, y en este caso que hoy narramos no podía ser de otra forma.

Corría el año 1367 cuando reinando Don Pedro se produjeron una serie de revueltas; hay que recordar que en aquellos años se disputaban el trono el propio rey y su hermanastro Enrique de Trastamara, ( Pedro era hijo de Alfonso XI y María de Portugal, y Enrique hijo bastardo del propio Alfonso XI y de Leonor de Guzmán. La nobleza apoyó a Enrique, pues diversas leyes de Pedro habían aumentado el poder real frente al poder de los nobles )

Uno de los nobles favorables a don Enrique era Juan Alonso Pérez de Guzmán, a la sazón hijo de "Guzmán el Bueno", primer Duque de Medina Sidonia y aquel que en la defensa de Tarifa arrojó su propia daga desde las murallas para que su hijo menor fuese ajusticiado antes de rendir la plaza.

Don Juan Alonso casó con doña Urraca Ossorio de Lara, la cual a resultas de las revueltas fue apresada y acusada de promover la rebelión; en posterior juicio, con escasas garantías judiciales, la noble fue declarada culpable y condenada a morir en la hoguera.

Se preparó todo en la actual Alameda de Hércules al objeto de llevar a cabo la sentencia y doña Urraca fue asida al mástil y prendido fuego la pira que acabaría con su vida; en el instante en que las llamas calentaron el aire este, al ser más ligero, ascendió y levantó los ropajes de doña Urraca con la consiguiente algarabía del populacho, que veía como la noble, además de la vida, perdía el decoro al mostrar su ropa interior.

En ese momento, ante el espanto de los presentes, una sombra se avalanzó sobre doña Urraca; era Leonor Dávalos, sirviente de la señora que, viendo como el pueblo se mofaba de su señora, no pudo evitar lanzarse a las llamas, asír a doña Urraca por la cintura y evitar que sus ropajes siguiesen elevándose al aire y dejándola desnuda.

Así, sin pretenderlo, Leonor pasó a la historia como ejemplo de lealtad, muriendo junto a su señora y salvando la dignidad de la misma.

En el nomenclátor de Sevilla se recuerda este hecho estando una de sus calles dedicada a tan leal servidora, y otra calle recuerda el lugar donde ambas murieron pues en ese lugar se colocó una cruz cuya base era una tinaja, dando lugar a la calle "Cruz de la Tinaja".


No hay que aclarar que ambas mujeres, sus cenizas, yacen juntas, hubiese sido imposible separar las cenizas de una u otra dama, y sus restos están en el Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce, pueblo cercano a Sevilla. Bajo el mausoleo donde están los restos hay una lápida indicando el trágico suceso.









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16 de noviembre de 2014

María Stma. Gracia y Amparo - Besamanos





Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Stmo. Cristo de las Almas, María Santísima de Gracia y Amparo, María Inmaculada y San Francisco Javier (Javieres).
Parroquia de Omnium Sanctorum. (Dos «pasos»).





































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Iglesia de El Salvador - Reportaje Fotográfico








Días atrás se publicó en este blog un artículo detallando las características técnicas y la historia de la Parroquia del Divino Salvador de Sevilla, así como detalle de las obras de arte que en su interior atesoraba.

Sirva este reportaje fotográfico para ilustrar lo que en ese artículo se comentó.

Para la distribución de las fotografía se sigue el siguiente orden:

- Nave de la Epístola desde los pies a la cabecera de la nave.
- Altar Mayor.
- Nave del Evangelio desde la Cabecera a los pies.
- Tesoro de la Parroquia.
- Imágenes varias del interior de la Parroquia.


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14 de noviembre de 2014

Pedro I y el lego ingenioso - Leyenda de Sevilla




Pedro I "El Cruel" o "El Justiciero", curiosa la dualidad de apodos, reinó en España entre 1350 y 1369, y se ganó sus sobrenombres a sangre y fuego; por ello no es raro que de él se cuenten mil y una historias, unas reales, otras inventadas, y que sea protagonista de leyendas. Un personaje popular, querido u odiado a partes iguales no merece menos.

La leyenda de la Calle Cabeza del Rey Don Pedro, la historia de Doña María Coronel, y ahora esta nueva leyenda que paso a relatar.

Cuentan que Pedro I acudió a un convento sevillano, el Convento Casa Grande San Francisco, para ver a su prior, persona que gozaba de justa fama de persona sabia, pero que llegando al claustro el Rey fue informado de que el prior se encontraba predicando fuera de Sevilla, lo que encolerizó al monarca que, a gritos, pidió que en cuanto llegase a Sevilla, el prior se presentase a él.

Al llegar a Sevilla y enterarse de la solicitud del monarca el prior no pudo por menos que estremecerse, la cólera del rey era de sobras conocida en la ciudad y de la orden dada nada bueno se podía presagiar. Así pues el prior se debatía entre presentarse al rey, con el lógico miedo de sus trágicas consecuencias, o huir de Sevilla y buscar refugio en otro convento de la orden.

Ante estas cábalas que preocupaban al prior, uno de sus legos, joven pendiente de tomar los votos y que trabajaba mientras tanto en la cocina del convento, le propuso una solución;

- Yo os sustituiré en la visita al rey, y veréis la habilidad que muestro en frenar su cólera. 

No teniendo nada que perder el prior aceptó y respiró aliviado.

Al día siguiente el lego se presento ante el rey y le expuso mil y una excusas para no haber estado en el convento el día de la visita real.

El rey, harto de tanta disculpa pregunto al lego si era real esa fama que le precedía de hombre sabio, pensando que hablaba con el prior.

El lego, humíldemente, se excusó no dando importancia al dato, pero el rey estaba empeñado en saber si era meritoria la fama del prior, así que le planteo un reto,

- Os haré tres preguntas, si las respuestas con correctas os marchareis, pero si no quedo satisfecho os mandare decapitar y nombrare nuevo prior.

El lego, confiado en su habilidad y su ingenio aceptó el reto, bien es verdad que poco más podía hacer ante el rey salvo aceptar sus órdenes, y esta era una de ellas.

El rey comenzó sus preguntas.

- Decidme, pregunto el rey, cuanto valgo.

- 29 monedas, nuestro Señor Jesucristo fue vendido por 30, no creo que creáis valer más que nuestro Salvador, fue la primera respuesta del falso prior.

- bien, me parece una respuesta muy justa, contesto el rey, que a continuación lanzo su segunda pregunta, ¿ Donde está el centro de la tierra ?

- El centro de la tierra está bajo vuestros pies, no por ser rey e importante, sino porque al ser la tierra redonda, en cualquier punto que os pongáis estaréis situado sobre su centro.

En el salón se oyeron murmullos por la solidez y lógica de la respuesta y en señal de aceptación, el monarca sonrió también dando por buena la respuesta y alabó el ingenio del lego.

- Ahora mi tercera pregunta, habló Don Pedro, decidme algo en lo que yo esté equivocado.

sin duda era una pregunta de difícil respuesta, era poco producente llevar la contraria al rey, se corría el riesgo de ser decapitado por ello, aún así el lego respondió con aplomo

- Majestad, no es difícil responder, pensáis que habláis con el prior del convento casa grande de San Francisco, pero realmente lo hacéis con un lego de cocina de dicho convento, y diciendo esto se retiró la capucha dejando a la vista su rostro.

Ante la respuesta el rey, tras la lógica sorpresa sonrió y, habida cuenta del ingenio que había demostrado el joven, decidió nombrar al lego prior del convento, destinado al actual a otro convento de la orden.

Hasta aquí la leyenda, pero hay que hacer constar que hechos similares, en mayor o menor medida, son también asignados a otros monarcas en épocas anteriores y posteriores a Pedro I, por ello, es posible que este caso solo sea la adaptación de una leyenda anterior.







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Armaos en San Lorenzo - A. Burgos



Artículo de D. Antonio Burgos relatando la visita de los "armaos" de la Macarena a Jesús del Gran Poder en la tarde del Jueves Santo.

" Julio César, cuando conquistó la Galia, no traía tanta tamborería ni tantas plumas como traen por la calle Capuchinas, llenando de viejas trompeterías los balcones de geranios. Porque vienen conquistando Sevilla, ran, cataplán, el pasito quedo y arrastrado, el compás de paseíllo torero, la alegría en la cara, nunca tantos tambores ni tantas plumas se vieron llegar con las legiones como llegan con esta Centuria, tan nuestra, tan antigua, ran, cataplán, que viene conquistando Sevilla en esta tarde del jueves.

Salieron muy temprano de junto a las murallas. Los armaos no pueden salir más que de junto a las murallas. Dicen que son pescaderos de la Encarnación; que aquel decurión que ves tiene un puesto de gandinga en la calle Anchalaferia; que el que desnuda lleva la lanza y aguardentoso el compás, vende naranjas de Mairena y melones de Los Palacios. Dicen que salen sólo hoy, cuando a la tarde todos los viejos azogues de todos los viejos espejos de los armarios de dos puertas de la Macarena se han llenado de plumas y corazas. No creáis a quienes tal dicen. Son de verdad soldados de Roma. Al capitán que los manda lo dejó aquí Julio César para que le cuidara el cortijo, una vez que cercó la ciudad de muros y torres altas donde hoy pudieran resonar sus tambores, donde pudieran agitarse, cuánta gallardía en el pasito torero que traen, ran, cataplán, sus plumas. Ved la cara del capitán que los manda. No puede ser hijo de la gente de la gandinga y la berza. Si bien os fijáis, tiene el perfil de mármol de viejo patricio de la Bética. Hoy le han dado permiso en Itálica y se ha venido a salir de armao en Macarena. Todos han salido de los viejos torreones, de los zaquizamíes de la Casa de Pilatos donde aún revolotea el gallo que oyó San Pedro.

Y ya llegan a San Lorenzo. Julio César, cuando conquistó la Galia, no traía tanta imperial tamborería como la que trae la Macarena, Senatus Populusque Hispalensis, cuando se mete en el antiguo barrio de los señores. Ahora han cambiado el compás de los tambores. Ya no suena a paseo militar. Ahora tocan lentos, y lento se les hace el paso. Vedlos, cuánta Roma andaluza, avanzar hacia las puertas del Gran Poder. Las puertas están abiertas. La Bética siempre le abre las puertas a Roma, para que se nos quede. Dentro hay otra Sevilla. Hay un Hombre de Dolor, negra la tez, sobre terciopelos y dorados. No hay nadie en la iglesia. Sólo una escolta que hace como que lo defiende de los dioses de Roma. Diez, doce altos nazarenos con la túnica negra, como estatuas. Y los tambores siguen sonando. Arrastran ya los pies alados estos Mercurios del mercado de la Feria sobre el mármol de las promesas. Ya resuenan los tambores bajo la bóveda. Ya están los negros nazarenos más esculpidos, más pintados que nunca. A pasito quedo, de paseíllo, ran, cataplán, Roma pasa ante la Contrarreforma. Dionisos rinde ante Apolo la desnuda espada de Marte.

Y algo tiene que ocurrir, algo de batalla hay en San Lorenzo esta tarde. Porque los altivos soldados macarenos que, plumas y tambor, tan pintureros entraron, ran, cataplán, llorando salen. El tambor sigue sonando, compás en las plumas, arte en el paso, pero traen los ojos vidriados, y no es del aguardiente. Hombres como trinquetes, tanta Macarena, se emocionan al ver al Cisquero, escoltado de sus nazarenos negros. Dos Sevillas frente a frente, la una tan apolíneamente serena en el Hombre de la Cruz, la otra tan dionisíacamente barroca y primaveral en las fingidas corazas, en las lanzas que no vieron más sangre que la del puesto de la Encarnación donde vendían carne de toro bravo del altar, con albero, del rito de la Maestranza.

Nunca hubo, nunca, en la Bética una batalla tan incruenta como esta tarde en San Lorenzo. Julio César nunca trajo tanta tamborería. Hoy se sabe que Roma pierde. Hoy, de San Lorenzo, las viejas cabezas romanas del mármol de Itálica salen con una lágrima en los ojos. Constatada su derrota, de nuevo vuelven a las murallas de la Macarena para rendirse ante la Madre que parió al que hace llorar a las legiones de Roma."

Artículo original: Armaos en San Lorenzo - A. Burgos



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13 de noviembre de 2014

Leyenda de la talla del Cristo del Museo



Como casi siempre Sevilla navegando entre la realidad y la ficción, entre el ser y el sentir, como siempre, casi siempre, moviéndose en la nebulosa de lo que pudo pasar y no se sabe si sucedió así, Como siempre, genio y figura de un pueblo que adereza su historia con mil leyendas. Y así es la historia que contamos a continuación, una parte real y documentada y otra que puede ser mera invención, pero.. mejor relatarla y que cada cual saque sus conclusiones.

Está documentado que un cordobés de noble familia abandono su casa para enrolarse en la milicia, este hombre, que llegó al grado de capitán luchando en tierras europeas era D. Marcos de Cepeda, capitán de los tercios españoles. Pasó largas temporadas en Italia y allí trabó contacto con artesanos de la gubia, estudió las técnicas de los grandes artistas, Bounarotti, Bernini,  y abandonando el ejercito se dedicó a la talla de obras de arte, tal era la destreza que había adquirido en este noble arte.

En 1625 regreso a su tierra natal para pasar un breve periodo de tiempo con su familia, estando previsto regresar a Italia donde tenía su taller, y donde su fama era tal que hasta el mismo pontífice le había encargado alguna obra. Pero su fama le precedía y el obispo cordobés se encargó de tenerlo distraido pidiéndolote gubiase diversas imágenes, lo que hizo que el ex-capitan no pudiese abandonar la capital.

En aquel tiempo la Hdad del Cristo de la Expiración había perdido a su titular en un incendio y se decidió contratar la talla de una nueva imagen. El problema que tenían en la Hdad era buscar un artista que tallase un Cristo original y nuevo, sin parecidos a cristos anteriores, algo muy normal en los artistas que suelen dar a sus obras características comunes. Para la hdad suponía un serio problema esta búsqueda y llevaban meses debatiendo a quien encargarían el nuevo Cristo.

En ello llegó a sus oídos la presencia del Capitán Cepeda en Córdoba y se dirigieron a él, en la confianza de que al haber estado tiempo en tierras italianas y no disponer de obras procesionales en Andalucía el cristo que tallase sería distinto a todos los demás de Sevilla.

Vino Cepeda a Sevilla, a instancias de la hdad y acordó realizar la talla, pero no en madera, como era lo habitual, convenció a los cofrades de realizar el Cristo en pasta, mediante moldes que el mismo construiría, alegando que así la imagen tendría mayor parecido a la realidad y que este detalle serviría para diferenciarlo del resto, como quería la corporación.

A principios de Diciembre se firmo el acuerdo y unos 18 día después el Cristo era entregado a la hermandad consiguiendo la unánime aceptación de la misma por la calidad de la talla y su realismo. Fue entonces cuando la Hdad solicito al artista los moldes que habían servido para la ejecución del Stmo. Cristo de la Expiración para evitar que pudiese ser repetida la imagen para cualquier otra cofradía, extremo este al que Cepeda se negó; estaba impresionado por la imagen que había tallado, sabía que era su mejor obra y consideraba que entregándola a la hdad cumplía su contrato, le dolía, además, tener que desprenderse de los moldes.

Al final la hdad recurrió a la justicia que obligó a Cepeda a entregar los moldes, los cuales fueron rotos y arrojados al Río Guadalquivir la tarde del 25 de diciembre, vísperas de la Navidad. Cuentan que el autor, desde la distancia, lloraba al ver como el molde que había dado vida a su obra era arrojado al río.

A partir de aquí varias versiones sirven para completar la historia, 

- Cepeda, en un arranque de locura se arrojo al río para recuperar los moldes muriendo ahogado.

- Cepeda se marcho a Italia deseando poner tierra de distancia con Sevilla.

- Cepeda profeso como monje en un monasterio donde murió cuidando enfermos.

Sea cual sea la versión escogida no existe constancia alguna de que fue del Capitán Cepeda, el cual no volvió a ser visto por Sevilla. 

Para más Inri el Capitán Cepeda que se confunde en la noche de los tiempos con D. Marcos Cabrera, autor real de la imagen del Stmo. Cristo de la Expiración. ¿estamos ante el mismo hombre? ¿ Es Marcos Cabrera realmente el capitán Cepeda ? hay preguntas sin resolver, se dice que cambio su apellido real, Cabrera, por el de Cepeda para evitar ser localizado por su familia al enrolarse en el ejercito. Se dice que llegando a Córdoba, siendo familiar de los cabrera así comenzó a conocérsele... Quien sabe, lo único cierto es que la historia nos llega y añade un tono romántico a la ejecución del Cristo, una talla impresionante y de la cual se dice que es el único crucificado que adopta realmente la postura que tendría un ajusticiado mediante la crucifixión, de ahí su escorzo tan característico.

A Marcos Cabrera se atribuye también la realización del Stmo. Cristo de las Tres Caídas de la hermandad de la Esperanza de Triana, así como se tiene constancia de ser el autor del busto que de D. Pedro I el Cruel está depositado en la hornacina de la calle Cabeza del Rey Don Pedro de Sevilla.





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12 de noviembre de 2014

Leonardo Figueroa - su vida y su obra




Los dos grandes arquitectos del barroco sevillano son Leonardo de Figueroa y Pedro Sánchez Falconete, dos desconocidos para el sevillano, conocemos sus obras pero no valoramos a sus autores. Trataremos en este artículo al primero de ellos. 


LEONARDO DE FIGUEROA

Leonardo de Figueroa (Utiel 1654 - Sevilla 1730), era hijo y nieto de arquitectos, de ahí que no resulte raro ver que desde joven su inclinación natural era la construcción; asimismo sus dos hijos y uno de sus nietos se dedica a la arquitectura.

La primera parte de su vida, segunda mitad del S XVII, influye grandemente en su obra, la cual refleja la transición hacía el barroco arquitectónico que emerge ante la simplicidad esquemática generalizada por la generación de arquitectos que le precedió.

Dotado de un espíritu innovador, en sus obras se advierte una especial imaginación para diseñar estructuras arquitectónicas, sobre todo en los elementos decorativos.

Entre las características más definidas de su estilo está el empleo del ladrillo avitolado en los paramentos, o sea, la aplicación de un aparejo que casi elimina las juntas verticales, mientras que intensifica la aparición de una línea rehundida en las horizontales, marcando así la separación de las hiladas, utiliza el ladrillo como material de construcción y además lo usa como elemento decorativo, retomando la costumbre arquitectónica de romanos y de árabes. Sus primeras obras denotan la influencia de las obras italianas, en especial las de Serlio.

También destaca por utilizar la cerámica policromada en los exteriores de cúpulas, espadañas, torres, logrando fijar los ojos del espectador en esos lugares por los contrastes resultantes.

Alrededor de 1570-75 se establece en Sevilla, comienza a trabajar como maestro albañil. Es en Sevilla donde se casa dos veces y desarrolla su extensa e importante obra arquitectónica, siendo su primer trabajo de altura el Hospital de los Venerables Sacerdotes. Aquí, bajo planos de Juan Domínguez trabaja hasta que se hace responsable de toda la obra en el año 1567, a él le debemos la fachada del edificio.

Más adelante, 1682,  realiza trabajos en el Hospital de la Santa Caridad debiéndose a el los dos patios gemelos, realizados a imitación del modelo que servía de base en otros hospitales realizados en esos años,  y la espadaña de la Iglesia. 

A continuación se encarga de remodelar la estructura gótica, muy deteriorada, del claustro y la Iglesia del convento dominico de San Pablo el Real, a día de hoy solo queda la Iglesia, convertida en la Parroquia de la Magdalena, mientras que el claustro fue derribado y en su lugar se erige el Hotel Colón. De esta edificación destaca la cúpula octogonal, así como la rica decoración; impresionante la mezcla de ladrillo, azulejos y yeserías que combina en la Iglesia.

En esta remodelación, y partiendo de las tres naves existentes, levanta la central, cambia los arcos apuntalados por otros de medio punto y transforma las bóvedas en bóvedas de cañón con lunetos. Diseña la imponente cúpula que descansa sobre un tambor octogonal y la espadaña, muy del gusto del barroco.

A continuación acomete durante varios años, aprox de 1696 hasta 1611, obras en la Iglesia del Divino Salvador, realizando bóvedas, cúpula, y torre de la misma. Diseña la decoración interior tallada en piedra y realiza la fantástica fachada sustituyendo el típico frontón por una espadaña flanqueada por pináculos.

En 1722 culmina las obras del Palacio de San Telmo, antigua escuela de mareantes. Crea la fachada principal con su portada, el patio, la capilla y la enfermería. La fachada principal de dos cuerpos está articulado mediante pilastras con una portada labrada en piedra

Finalizar su periplo artístico con la que es, posiblemente, su mejor obra, la Iglesia de San Luis de los Franceses, realizada en 1699 y 1731 a instancias de la Compañía de Jesús, se atreve a sustituir la cruz latina por una planta central con ábsides semicirculares, imitando la Iglesia de Santa Inés en Roma. La ejecución de la obra en una planta central, así como el diseño de la fachada, arquitectónicamente poco sevillanas, hace pensar que los planos provenían de la casa madre de la compañía en italia.

Otra interesante obra de Figueroa es la capilla sacramental de la iglesia de Santa Catalina, de 1721, la obra tiene planta rectangular con dos tramos y cubierta con linterna octogonal

















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