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16 de enero de 2015

El Concilio de Trento


Con el Concilio de Trento se sientan las bases de la Contrarreforma religiosa que la Iglesia Católica puso en marcha para contra restar los avances que Lutero y sus pospulados tuvieron en la Europa del S. XVI. De Trento sale una nueva Iglesia y, sobre todo, sale una nueva concepción del arte como medio de inculcar al fiel la piedad y el acercamiento a Dios y su mensaje. No es arriesgado poder decir que la Semana Santa que hoy conocemos se deriva de los postulados trentinos, a partir de ellos se comienza a desarrollar todo un nuevo estilo artístico y cultural que, con el paso del tiempo, configura las notas fundamentales que llegan a nuestros días. Sin Trento y sus decisiones no celebraríamos la Pasión tal y como hoy la conocemos.

No siendo especialista en arte o historia, mejor que desarrollar el tema personalmente, pudiendo dar lugar a errores o impresiciones, me permito extraer notas, en algunos casos literales, de material de la red, complementadas con acotaciones propias, situando bajo el texto el enlace pertinente.

En 1517 el monje agustino Martín Lutero, lanza un desafío a la poderosa Iglesia Católica de Roma. La respuesta al mismo llegó tarde y mal, las primeras voces pidiendo un concilio sonaron en Alemania. Un «concilio general, libre, cristiano, en tierra alemana» era el clamor proveniente tanto de católicos como de protestantes. Carlos V deseaba ardientemente la reunión del concilio, con la esperanza de que sirviera para rehacer la unidad religiosa del Imperio. Pero esta perspectiva y el fortalecimiento del poder de Carlos que ello supondría bastaba para que el otro gran monarca católico de Europa, Francisco I de Francia, en guerra casi continua con el emperador, no sintiera el menor entusiasmo por la convocatoria conciliar

El Concilio de Trento pretendía reparar aquella grieta abierta en la cristiandad, pero no sólo llegó tarde, sino que fue interminable, duró dieciocho, hasta 1563. Durante aquel tiempo hubo interrupciones, se sucedieron cinco papas, tres de ellos, Paulo III, Julio III y Pío IV, convocaron sesiones del mismo, mientras que otros dos, Marcelo II y Pablo IV ni siquiera lo hicieron. Con este panorama a quién puede extrañar que el Concilio se cerrara con un rotundo fracaso, al menos en el intento de restablecer la unidad de la Cristiandad.

De sus sesiones salió la Reforma católica o Contrarreforma, y su influencia se mantuvo en la vida y en la estructura de la iglesia católica hasta el Concilio Vaticano II. Durante las mismas se elaboraron algunos decretos que tendrían consecuencias para el desarrollo del arte durante los siglos XVI y XVII en los países católicos. El grueso de las mismas se recoge en la sesión XXV del Concilio, desarrollada durante los días 3 y 4 de diciembre de 1563, y en ellas se adoptaron importantes decisiones en cuanto al culto a las imágenes, a las que se oponían tenazmente los reformistas protestantes. Respecto a ello, la Iglesia Católica se expresó del siguiente modo:

"Además de esto, declara que se deben tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen madre de Dios, y de otros santos, y que se les debe dar el correspondiente honor y veneración: no porque se crea que hay en ellas divinidad, o virtud alguna por la que merezcan el culto, o que se les deba pedir alguna cosa, o que se haya de poner la confianza en las imágenes, como hacían en otros tiempos los gentiles, que colocaban su esperanza en los ídolos; sino porque el honor que se da a las imágenes, se refiere a los originales representados en ellas; de suerte, que adoremos a Cristo por medio de las imágenes que besamos, y en cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos; y veneremos a los santos, cuya semejanza tienen: todo lo cual es lo que se halla establecido en los decretos de los concilios, y en especial en los del segundo Niceno contra los impugnadores de las imágenes.

Enseñen con esmero los Obispos que por medio de las historias de nuestra redención, expresadas en pinturas y otras copias, se instruye y confirma el pueblo recordándole los artículos de la fe, y recapacitándole continuamente en ellos: además que se saca mucho fruto de todas las sagradas imágenes, no sólo porque recuerdan al pueblo los beneficios y dones que Cristo les ha concedido, sino también porque se exponen a los ojos de los fieles los saludables ejemplos de los santos, y los milagros que Dios ha obrado por ellos, con el fin de que den gracias a Dios por ellos, y arreglen su vida y costumbres a los ejemplos de los mismos santos; así como para que se exciten a adorar, y amar a Dios, y practicar la piedad. Y si alguno enseñare, o sintiere lo contrario a estos decretos, sea excomulgado. Mas si se hubieren introducido algunos abusos en estas santas y saludables prácticas, desea ardientemente el santo Concilio que se exterminen de todo punto; de suerte que no se coloquen imágenes algunas de falsos dogmas, ni que den ocasión a los rudos de peligrosos errores. Y si aconteciere que se expresen y figuren en alguna ocasión historias y narraciones de la sagrada Escritura, por ser estas convenientes a la instrucción de la ignorante plebe; enséñese al pueblo que esto no es copiar la divinidad, como si fuera posible que se viese esta con ojos corporales, o pudiese expresarse con colores o figuras. Destiérrese absolutamente toda superstición en la invocación de los santos, en la veneración de las reliquias, y en el sagrado uso de las imágenes; ahuyéntese toda ganancia sórdida; evítese en fin toda torpeza; de manera que no se pinten ni adornen las imágenes con hermosura escandalosa; ni abusen tampoco los hombres de las fiestas de los santos, ni de la visita de las reliquias, para tener convitonas, ni embriagueces: como si el lujo y lascivia fuese el culto con que deban celebrar los días de fiesta en honor de los santos. Finalmente pongan los Obispos tanto cuidado y diligencia en este punto, que nada se vea desordenado, o puesto fuera de su lugar, y tumultuariamente, nada profano y nada deshonesto; pues es tan propia de la casa de Dios la santidad. Y para que se cumplan con mayor exactitud estas determinaciones, establece el santo Concilio que a nadie sea lícito poner, ni procurar se ponga ninguna imagen desusada y nueva en lugar ninguno, ni iglesia, aunque sea de cualquier modo exenta, a no tener la aprobación del Obispo".
CONCILIO DE TRENTO, sesión XXV, La invocación, veneración y reliquias de los santos y de las sagradas imágenes (1653). Biblioteca Electrónica Cristiana )

De la lectura del documento puede desprenderse que para la iglesia católica, el arte se convertía, una vez más, en un instrumento de propaganda al servicio de la fe, a través del cual había que estimular la piedad y la devoción en los fieles, conmoverlos, ese era el mensaje que había de transmitirse. 

Para ello se necesitaba un arte que fuera comprendido con facilidad por las personas del pueblo; se pretendía contar las historias sagradas centrándose en lo principal y prescindiendo de detalles que distrajesen la atención del asunto; tratar los temas religiosos con respeto, eliminando alusiones a textos poco ortodoxos, como los evangelios apócrifos, por ejemplo.

En estas decisiones, por tanto, está el origen de muchas de las modificaciones temáticas y plásticas que van a diferenciar el arte barroco del renacentista.

Todas las cuestiones concernientes al gobierno espiritual y de las almas eran debatidas en los Concilios (instituidos a fines del siglo II), siendo el tema de la representación de las imágenes unos de los puntos de mayor significación en las artes, en especial, en la pintura por ser esta la productora directa de dichas imágenes. El Concilio de la Reforma Católica reunido en Trento entre 1545 y 1563 no estuvo exento de estas discusiones ya que, entre otras cosas, lo que la Iglesia necesitaba en esos momentos era un arte relativamente sencillo, dirigido más al ánimo y al sentimiento que al intelecto; es decir, un arte para las masas que acudía a las iglesias. Por tal motivo, había que evitar ante todo, que en las iglesias se exhibiera obras de arte inspiradas en herejías religiosas, los desnudos, el adorno de las imágenes con incitaciones seductoras, las imprecisiones teológicas, todo elemento pagano y secular. El arte eclesiástico se transforma en un arte oficial, juzgándose la obra, sobre todo, por su valor de devoción. Igualmente, los artistas debían realizar sus obras, destinadas a las iglesias, siguiendo las instrucciones de sus consejeros espirituales (asignados por la iglesia) y supervisados por los teólogos.

La puesta en marcha de los decretos de Trento tomó el nombre de Contrarreforma y fue dirigida por las órdenes religiosas, en especial por los jesuitas. Estos usaron el arte como medio para formar al pueblo, en realidad, lo que hizo fue retomar las doctrinas medievales que consideraban que el arte, igual que la filosofía, estaban al servicio de la teología.

La Contrarreforma encuentra en el Barroco su plenitud artística: hay un emocionalismo y un sentimentalismo, un deseo de hurgar en el dolor, en la aflicción, en las heridas y en las lágrimas lo que constituye el sentimiento barroco. La Contrarreforma supo ver en las fuerzas inconscientes y afectivas, no racionales, las nuevas condiciones de lucha, basando la propaganda, mas en la emoción que en el pensamiento; desarrolla un arte religioso barroco, es decir, un arte emotivo, teatral, con gran sentido escenográfico que se vale de la sugestión y del prestigio. Un estilo que combina las artes de la arquitectura, la pintura y la escultura actuando sobre el espectador, invitándole a participar de las agonías y éxtasis de los santos.

Además de ello, de Trento salieron importantes decretos para el futuro devenir de la Iglesia, entre ellos destacan:

- Se reafirma que la fuente de la Fe son las Sagradas Escrituras, sin segundas interpretaciones, los protestantes entendían que cada fiel era libre para interpretar las escrituras, lo cual no daba lugar a una unificación teológica.
- Se reafirma que el pan y el vino son REALMENTE el Cuerpo y Sangre de Ntro. Sr. Jesucristo, no una representación como Lutero indicaba.
- Se declara de utilidad rendir culto a los Santos, en contra de aquello que los protestantes deseaban.
- Se pide a los Obispos vivan en su sede arzobispal, prestando atención a las demandas de sus fieles y que visiten con asiduidad las parroquias a su cargo. Anteriormente la mayoría de Obispos mantenía su residencia anterior o vivían Roma o capitales.
- Se prohibe la lengua vernácula en la misa y se establece el Latín como lengua oficial, salvo en la homilía para mejor comprensión de los fieles. Se establece como Biblia oficial de la Iglesia la "Vulgata Latina"
- Se reafirma la existencia del Purgatorio, se prohiben los duelos, se obliga a consturir seminarios para la mejor formación del clero... 


http://homo-artis.blogspot.com.es/2010/04/el-concilio-de-trento-y-el-arte-del.html



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4 de diciembre de 2014

Sevilla y la Inmaculada Concepción



Inmaculada Concepción - Sevilla
Inmaculada Concepción - Sevilla
No se puede negar la estrecha vinculación que el sur de España, y especialmente, Sevilla, mantienen con la que es Madre de Dios, no es regalado el título de Mariana que Sevilla porta en su escudo, desarrollando durante el año mil y un actos que dan pruebas de esa veneración que nos hace ser "tierra de María Santísima".

De todos estos actos que a lo largo del año se celebran adquiere especial resonancia aquellos que se realizan en honor de María Inmaculada, actos que durante este fin de semana volverán a repetirse en la Sevilla del siglo XXI, recordando hechos que acontecieron allá por el siglo XVII.

Se cuenta que en 1613. durante la homilía del día de la natividad de la Virgen María, el 8 de septiembre, en el ya desaparecido convento dominico de "Regina Angelorum" se vertieron afirmaciones que ponían en duda que María fue concebida sin pecado original, y eso era algo que la Sevilla del momento no podía tolerar. la "guerra" estaba servida entre los "maculistas" y los "inmaculistas".

Pero vayamos al meollo de la cuestión, sus antecedentes. No existe testimonio evangélico o bíblico de que María fuese concebida sin mácula, es la progresiva divinización de la figura de la Madre de Dios la que promueve esta idea. En el siglo XII se establece la festividad de la Inmaculada el día 8 de diciembre, fecha no arbitraria, un simple calculo cronológico nos sitúa esta fecha como 9 meses antes de la Natividad de María que se celebra el día 8 de Septiembre.

Inmaculada Concepción - Sevilla
Inmaculada Concepción - Sevilla
Santo Tomás de Aquino establece la doctrina "santificatio in utero" , María es librada del pecado original con posterioridad a su concepción, idea que hacen suya los Dominicos.  Los Dominicos hablaban de "sanctificatio" pero no de "conceptio"

Por otro lado Duns Scoto defiende que María es concebida libre de pecado, es decir, desde su concepción esta inmaculada. La orden franciscana defiende esta postura, siendo más adelante apoyada también por los jesuitas.

Durante los siglos XIV y XV se mantiene la discursión y permanece el enfrentamiento entre las Ordenes de Dominicos y Franciscanos sin que el papado se defina al respecto. Si se van definiendo los ámbitos académicos, las Universidades de Colonia, París, Maguncia, Valencia, Granada van proclamando su defensa de la pureza Inmaculada de María, así como el fervor popular que toma partido por la idea Franciscana.

En el Renacimiento se siguen buscando argumentos favorables o desfavorables a esta idea. Lutero tercia en la discusión y hace publica su postura opuesta a la Inmaculada Concepción de María hecho que espolea a los católicos no protestantes y origina que el Concilio de Trento cree, sin base teológica, toda una argumentación favorable.

España, de fuerte tradición católica, defiende la Inmaculada Concepción de María, en casi todas la ciudades de celebra la festividad desde el siglo XIV. Con la llegada de los Reyes Católicos y sus sucesores se refuerza el vínculo entre la población y la Inmaculada, en años en los que todo el mundo miraba a España como el centro de las decisiones políticas del momento, el descubrimiento de América, las riquezas que llegaban a nuestros puertos, las campañas de nuestros ejércitos, hacían de España una de las naciones mas influyentes.

 Monumento Inmaculada - Sevilla
 Monumento Inmaculada - Sevilla

Puestos al día volvemos a principios del siglo XVII, a la predicación del prior del Regina Angelorum aquel 8 de septiembre. El Arzobispo de Sevilla, Don Pedro de Castro ( anterior arzobispo de Granada, donde se habían encontrado unos documentos del siglo I que si hablaban de la concepción pura de María, y que se convirtió en abanderado de la idea ) enarbolo todos los argumentos posibles, entre ellos los documentos granadinos, en contra de la orden dominica.

Don Pedro Castro, con el apoyo de la nobleza sevillana ( la cual se sentía traicionada por los Dominicos al poner en duda su religiosidad y sus creencias, hecho que molestó en demasía a los nobles sevillanos ) y de otras ordenes religiosas ( Franciscanos y Jesuitas sobre todo ) orquestó una campana de desprestigio contra los dominicos, implicando en ella al pueblo y traspasando el "debate"del campo meramente teológico al terreno popular. Sin dudar el pueblo de Sevilla se situó al lado de la corriente inmaculista y se organizaron actos de desagravio, procesiones, novenas, cultos... incluso un concurso de poesía. En este campo adquirió fama D. Miguel Cid, que a instancias de la Hdad del Silencio dedico esta copla a la inmaculada


Aunque no quiera Molina
ni los frailes de Regina,
ni su padre general,
todo el mundo en general
a voces, reina escogida,
diga que sois concebida
sin pecado original.


Monumento Inmaculada - Sevilla
 Monumento Inmaculada - Sevilla
Por parte del arzobispado de Sevilla se envió una comisión, presidida por Vazquez de Leca, a Roma, al objeto de forzar al papado a definir como dogma la Inmaculada Concepción de la Virgen María; pero no es hasta dos años después que desde Roma se envía una bula a Sevilla, no se define el dogma como se pretendía, pero si permite que se sigan celebrando actos en su nombre; respecto a los "maculistas", contrarios al dogma, no se condenan sus ideas pero si se les obliga a no hablar y difundirlas en público. Realmente era un hachazo a la noción que sobre el respecto mantenían los Dominicos, si bien Roma se cuida mucho de desautorizarlos directamente.

Mientras, en el periodo que va desde la embajada a Roma y el escrito de SS Pablo V, Sevilla sigue movilizándose en favor de la Purísima, y así, en 1615 la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, vulgo "El Silencio", en cabildo de oficiales celebrado el 23 de septiembre acuerda " defender el voto de la pureza de María Inmaculada derramando hasta la ultima gota de sangre si ello fuese preciso " siendo la primera institución en el orbe cristiano que así lo hace. A su rebufo van otras hermandades y corporaciones, siendo de destacar la cofradía del Stmo. Cristo de la Fundación y Nuestra Señora de los Ángeles, vulgo "los Negritos" en la cual, su hermano mayor y el alcalde, ambos negros, se venden como esclavos al objeto de que la hermandad disponga de fondos para celebrar una función en honor de la Inmaculada Concepción.

Monumento Inmaculada - Sevilla
 Monumento Inmaculada - Sevilla
Referente a la actitud de la Hermandad de "El Silencio" hay que destacar que, como conmemoración de este hecho, desde principios del siglo XX en el cortejo de la cofradía en la madrugada el Viernes Santo, un nazareno porta un cirio votivo con la imagen de la inmaculada y bajo ella el escudo de la Hermandad, y otro hermano porta una espada, asida por la hoja.

Hay que destacar como el arte, pintura e ingeniería, contribuyeron a la expansión de la pureza inmaculada de María, habiendo dos artífices principales de ello, por un lado Bartolomé Esteban Murillo con su serie de Inmaculadas ( aún cuando el modelo inconográfico no es suyo, quien realmente lo define es Francisco Pacheco, pintor y suegro de Velázquez ) y el imaginero de Alcalá la Real Juan Martínez Montañes. Muchos mas pintaron y tallaron mas adelante a María, Zurbarán, Grosso, 

Ya en el siglo XVII, en 1854, doscientos cuarenta años después de los hechos narrados, el Papa Pio IX proclama el Dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María en la bula "ineffabilis Deus" con estas palabras:  declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, qué debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano. Por lo cual, si algunos presumieren sentir en su corazón contra los que Nos hemos definido, que Dios no lo permita, tengan entendido y sepan además que se condenan por su propia sentencia, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia, y que además, si osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho. 
Con todo ello Sevilla necesitaba además dejar constancia de su historia y su apoyo incondicional al Dogma, y con ocasión de la Exposición iberoamericana de 1929 se encargo a Juan Talavera Heredia la realización de un monumento que se inaugura el 8 de diciembre de 1918. 

Monumento Inmaculada - Sevilla
 Monumento Inmaculada - Sevilla
Este monumento, visible en la Plaza de la Inmaculada, entre la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias, está realizado en mármol de Carrara, en la parte superior, sobre dos columnas, una imagen de la Inmaculada para cuyo modelo se usó aquella que Murillo pintase para el Hospital de los Venerables Sacerdotes. En la base, cuadrada, figuran la estatuas, realizadas por Lorenzo Coulleaut, de 4 insignes defensores de la pureza Inmaculada de la Stma Virgen María, el escultor Juan Martínez Montañés, el pintor Bartolomé Esteban Murillo, el poeta Miguel Cid y el jesuita Juan de Pineda. 

Pero como en Sevilla todo es exagerable, los estudiantes comienzan a cantarle salves a la imagen cada 8 de diciembre, hasta nuestros días, en los cuales todas las tunas del distrito universitario de Sevilla, por orden de antiguedad, se dirigen a los pies de María Santísima a cantarle sus mejores canciones y a hacerle ofrendas de flores, acto este que reúne a una gran cantidad de sevillanos y foráneos que quieren así rendir honores a la que, gracias al pueblo de Sevilla, es declarada nacida sin pecado original.





La Inmaculada Concepción en el arte



Inmaculada Alonso Cano
Inmaculada Alonso Cano 

Inmaculada Alonso Cano
Inmaculada Alonso Cano


Inmaculada Juan de Mesa
Inmaculada Juan de Mesa

Inmaculada Martínez Montañés
Inmaculada Martínez Montañés

Inmaculada Murillo
Inmaculada Murillo

Inmaculada Murillo
Inmaculada Murillo

Inmaculada Francisco Pacheco
Inmaculada Francisco Pacheco

Inmaculada Velázquez
Inmaculada Velázquez

Inmaculada Zurbarán
Inmaculada Zurbarán









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29 de noviembre de 2014

Las murallas de Sevilla



Es de sobra conocida la circunstancia de que Sevilla posee el centro histórico mayor de Europa; este llamado "casco Antiguo" viene delimitado por las murallas que rodeaban Sevilla desde tiempos inmemoriales. Estas murallas fueron construidas por orden de Julio Cesar, en tiempos de la dominación romana, sobre el año 65 a.c. y ampliadas por Cesar Augusto al crecer la ciudad. Anteriormente Sevilla disponía de una empalizada que habían realizado los cartagineses, que a todas luces era insuficiente para la protección de la ciudad.

Una vez los árabes en Sevilla estos mandaron fortalecer las murallas, que a raíz de un ataque vikingo fueron deruidas; se tiene constancia de que en los años 913 y 1023 se volvió a levantar o reforzar el amurallado de la ciudad, para protegerla de los ataques de las tropas cristianas en plena reconquista de la península.

No es baladí considerar las defensas de Sevilla como una de las más impresionantes de Europa, casi siete kilómetros de longitud, 166 torreones menores, 13 puertas y 6 postigos, solo analizando los datos se comprueba la importancia que la urbe tenía en estos años.

Las murallas, en un recorrido aproximado, irían desde Reyes católicos, esquina Santas Patronas, a través de calle Goles hasta torneo y esquina Calatrava, de ahí por Bécquer hasta Arco Macarena; seguirían por calle Macarena, Ronda Capuchinos hasta la esquina de la Trinidad, allí se adentraría y discurrirían entre el actual Jardín del Valle y la calle Sol, continuarían por Muro de los Navarros y Menéndez Pelayo, siguen por Cano y Cueto y calle Agua desde donde se desvía hacia el norte hasta la actual pasarela; atraviesa la Calle San Fernando, Puerta Jerez y Almirante Lobo hasta la esquina de calle Santander donde estaría la torre de la plata, de allí por calle Tomas de Ibarra a Plaza Cabildo, Castelar, y Santas Patronas para cerrar el circulo. Por ello quedaban fuera de la protección los actuales barrios del Arenal, plaza de armas, San Laureano y Jardines de Murillo.

A la ciudad se accedía por sus puertas o postigos, de tipo real o publico y privado. Con el tiempo se modificaron, se ampliaron para el paso de carruajes, y se hizo coincidir las puertas con las calles principales, al objeto de facilitar el transito de entrada y salida por ellas, algo natural pues no había otras forma de abandonar o de penetrar en la ciudad, se pretendía con ella dar fluidez al tráfico a pie o en monturas o carruajes.

La murallas asimismo dotaban a la Sevilla antigua de una protección respecto de las crecidas del río Guadalquivir, autentica pesadilla del momento, hay que recordar que el río transitaba por el eje macarena - alameda - salvador y que fue desviado, pero ya se sabe que la naturaleza es tozuda y el río con sus continuos aumentos de caudal tendía a volver a su itinerario habitual, anegando la ciudad de continuo. Otra gran ventaja que ofrecían las murallas, que limitaban un espacio urbano de unas 300 hectáreas, era la de podar controlar el transito de personas y bienes y establecer impuestos y tasas, pues era

Era una costumbre de antaño que los monarcas, una vez tomaban posesión de las ciudades, jurasen ante la población el respeto a los fueros y privilegios propios de la villa, en un afán de que no se entendiese que la realeza limitaría las ventajas pre existentes para los ciudadanos. Este juramento se realizaba a las puertas de la ciudad, y en Sevilla hubo dos que tuvieron especial protagonismo al respecto, la de la Macarena, donde juraron Isabel I, Fernando II o Carlos I y la de calle goles donde lo hizo Felipe II.

Pero como muchas cosas en Sevilla, desgraciadamente, llegó el día en que a algún responsable municipal el hecho de que tener unas murallas milenarias le pareció algo superfluo, y en aras al crecimiento de la ciudad y la mejora de la convivencia se decidió echarlas abajo. De las originales murallas solo han llegado a nuestros días limitados paños:

- tramo desde puerta Macarena a Puerta de Córdoba.
- Tramo en la trasera del Jardín del Valle
- Tramo de la calle Agua en el barrio de santa cruz.
- Postigo del aceite
- Plaza del Cabildo con un paño de unos 50 metros.
- Junto a la Torre de la Plata un paño que la unía a la torre del oro.
- Puerta Real donde hay un pequeño muro

En el interior de la ciudad también existieron murallas que delimitaban barrios, como el judío del resto de la ciudad, el alcázar.. puede verse una muestra de estas murallas internas en la calle Miguel de Mañara donde existe aún una de las puertas de tránsito.

Asimismo hay que hacer constar que se sospecha que hay otros paños de la muralla no derruidos, pero que fueron utilizados para la construcción de viviendas, por lo cual a día de hoy se encuentran ocultos. En alguna obra realizada en el perímetro del casco histórico de Sevilla, a la hora de derruir algún edificio han aparecido restos de estas murallas.

Estos eran los postigos y puertas de acceso a Sevilla hasta el siglo XIX

1.- Puerta de la Macarena.- Al norte de la ciudad
2.- Puerta de Córdoba.- En la collación de San Julian
3.- Puerta del Sol.- Frente Santuario de la Trinidad
4.- Puerta Osario.- Continua con el mismo nombre. Daba acceso al osario de Sevilla
5.- Puerta de Carmona.- Al final calle Aguilas.
6.- Postigo del Jabón.- Al final calle tintes.
7.- Puerta de la Carne.- Al final de calle San José.
8.- Postigo del Alcázar.- En los Jardines de Murillo siendo acceso al Alcázar.
9.- Puerta de San Fernando.- Junto a la Universidad.
10.- Puerta de Jerez.- Continua con el mismo nombre y situación.
11.- Postigo del Carbón.- En calle Santander.
12.- Postigo del Aceite.- De los pocos que continua en pie.
13.- Puerta del Arenal.- García de Vinuesa - Adriano.
14.- Puerta de Triana.- Cruce de Santas Patronas con Reyes Católicos.
15.- Puerta Real.- Alfonso XII - Gravina.
16.- Postigo de San Antonio.- a la trasera del convento de San Antonio de Padua.
17.- Puerta de San Juan.- al final de la calle Guadalquivir.
18.- Puerta de la Barqueta.- al final calle Calatrava.
19.- Postigo de Feria.- esquina calle Bécquer.

(En beve reportaje fotográfico sobre los paños de muralla aún conservada)



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7 de octubre de 2014

Historia de Sevilla III - Época Islámica


En el Siglo VIII de nuestra era, en 710, se produce el fallecimiento de Witiza, rey visigodo de Hispania. En ese momento dos clanes a la sucesión enfrentan sus fuerzas, por un lado está el clan Wamba-Egica, del que formaba parte Witiza; y por otro el clan Chindasvinto-Recesvito, al que estaba aliado Roderico ( conocido como D. Rodrigo ). esta lucha de clanes, unidos al desastre demográfico de los últimos años, ( epidemias y grandes periodos de sequía a finales del S. VII ) favorecen la entrada en la península de los musulmanes.

Los historiadores consideran que el clan de Égica se alió con tropas musulmanas que habían conquistado el norte de África expandiendo el Islam. En principio esas tropas iban a servir de ayuda para reconquistar el trono, pero los musulmanes, viendo la debilidad de la monarquía visigoda decidieron avanzar hacía el norte y conquistar la mayor cantidad de tierra posible.

Los conquistadores árabes también contaron con el apoyo de parte de la población judía que estaba presente principalmente en los centros urbanos. La ayuda que los judíos prestaron a los conquistadores se debió a que aquellos, en su mayoría conversos forzados pero fingidos, eran reiteradamente hostigados por la legislación visigoda y sabían, por lo que había ocurrido en el norte de África, que mejoraría su situación al recibir de los gobernantes árabes el mismo estatus que la población cristiana.

En la primavera de 711 una expedición formada por unos 9000 hombres y mandada por Tariq Ibn Ziyad, lugarteniente de Mussa, gobernador del norte de África, entró en la península. Esta expedición conquistaría Algeciras, donde Tariq aumentó el número de hombres y desde donde se enfrentó a Don Rodrigo el 19 de julio de 711 en la batalla de Guadalete.

Se ocupó Medina-sidonia y Carmona, Sevilla fue tomada tras un largo asedio y a continuación marcharon sobre Mérida, cuyo asedio duró un año, en parte porque allí se habían refugiado los seguidores de Rodrigo, mientras los del clan de Witiza facilitaban la conquista no oponiendo resistencia, pensando que el ejercito musulmán una vez derrotado Rodrigo abandonaría sus tierras, hecho que no ocurrió así, pues las tropas del norte de África continuaron avanzando al ver la facilidad con la que las conquistas se iban sucediendo, eliminando cualquier posibilidad de que los visigodos volviesen a gobernar. Consiguieron controlar gran parte de la península ibérica, salvo la zona cantábrica, dominada por astures y vascones y donde se habían refugiado también los hispanogodos empujados por la conquista hacía el norte. Desistieron de continuar hacia el norte tras la derrota en Pointiers en 732, a manos del ejercito merovingio que dominaba la galia.

Los musulmanes, pertenecientes a la familia de los Omeyas, respetaron a judíos y cristianos pues pertenecían, como ellos, a religiones abrahámicas, lo que les dotaba de un estatus determinado. Este establecía que, aunque no formaran parte de la comunidad islámica, quedarían protegidos, tendrían sus jueces y conservarían sus ritos. Estas circunstancias motivaron una política de pactos de capitulación donde muchos aristócratas visigodos pudieron conservar propiedades e incluso cierto grado de poder


Hasta el asesinato de Mussa a manos de sus primos en 716 Sevilla hacía las veces de capital de Al-ándalus, nombre con el que los musulmanes bautizaron a la península Ibérica. A partir de ese momento la sede de gobierno se trasladó a Córdoba con el rango de Emirato independiente desde Abderramán I en 773 y convertido en Califato por Abderramán III en 929.

A destacar que en 750 la familia de los abasíes destrona a los omeyas y traslada el poder a Bagdad, en este punto cambian sustancialmente las condiciones de judios y cristianos en las zonas conquistadas, pues los abasíes van a considerar a estos grupos como esclavos.

Respecto a Sevilla, no cabe duda que el periodo de domino musulmán es de los más importantes de su historia, dejando profundas huellas en la ciudad y su población, solo es preciso dar un paseo por Sevilla para comprobar como sus monumentos, sus calles, su carácter aún está impregnado de ellos.

Un número de cristianos se convirtieron al Islam, eran los muladíes, mientras otros permanecieron fieles a la religión católica, los mozárabes.

La Sevilla islámica recuperó su histórico comercio; el puerto fluvial, al abrigo de los peligros del mar, canalizaba los productos locales o del valle del Guadalquivir y recibía los artículos de lujo, especias y metales preciosos de navíos y caravanas de Oriente y África. A mediados del siglo XIII la población había alcanzado los 80.000 habitantes.

La ciudad comienza su transformación con la construcción en el siglo IX de la Mezquita Mayor de la ciudad sobre la basílica romana, de la que se conserva su patio, con columnas y capiteles romanos y visigodos en el actual Salvador. Las calles principales se dirigían hacia la Mezquita; el resto era un laberinto de calles estrechas, tortuosas y sin salida con pasadizos cubiertos por las viviendas.

Se formaban barrios cerrados sobre sí mismos, separados por muros, arcos y puertas; y ocupados por familias de un mismo origen y actividad. Sevilla contaba con unos miles de viviendas, además de los edificios públicos.  Las casas, conforme al modelo islámico heredado del mundo antiguo mediterráneo, eran de muros exteriores cerrados, pero abiertas hacia un patio interior convertido en un pequeño jardín. Los espacios públicos se reducían a las mezquitas y los baños.

En el siglo XII Isbiliya se había convertido en la gran ciudad de Al-ándalus. A principios del siglo se comenzó la ampliación de las murallas hacia el norte hasta alcanzar los 5.995 metros, con sus 166 torres y 15 puertas y 287 Ha. El nuevo caserío, superior al preexistente, incluía gran número de huertas. A finales de siglo concluyeron las obras de construcción de la nueva Gran Mezquita, con su patio y su magnífico alminar llamada Giralda, aún en pie; frente a su puerta se levantaba el nuevo zoco de la Alcaicería de la Seda. Completaba este espacio el antiguo Alcázar, aislado del núcleo urbano y protegido por una muralla interior.

Para unir las dos orillas del río se construyó un puente flotante sobre barcazas, defendido por una fortaleza, el Castillo de Triana, en el otro extremo del puente. El puerto se situó en el Arenal, entre el puente y una coracha (brazo de la muralla) que con la Torre del Oro en su extremo, protegía el puerto y lo cerraba con una gran cadena tendida sobre el río.

También se levantaron palacios en los alrededores de la ciudad, como el de La Buhaira al este, o el de San Juan de Aznalfarache en el Aljarafe.


Historia de Sevilla I - Tarttesos y Roma 
Historia de Sevilla II - la época Visigoda 





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16 de septiembre de 2014

Historia de Sevilla II - época visigoda


San Isidoro y San Leandro - Sevilla
San Isidoro y San Leandro - Sevilla
Del norte de Europa, de los hoy países escandinavos, provienen unas tribus que, mediado el Siglo I se adentran en Europa. Estas tribus, que forman el pueblo godo se dividen en dos, un grupo se dirige hacia el este, hacía la actual Ucrania, son los ostrogodos, mientras otros se encaminan al encuentro de los territorios gobernados por el imperio romano, son los visigodos.

El imperio romano esta decayendo, Roma utiliza a estos pueblos germánicos para, tras firmar acuerdos de no agresión, permitirles asentarse en territorios fronterizos desde donde sirven de protección al Imperio. Pero entonces surge otra fuerza que viene del Este, los Hunos empujan a los visigodos que se adentran en territorios romanos y plantan cara a sus ejércitos, llegan a saquear la capital, Roma, y se instalan en Francia, recibiendo de Roma tierras a cambio de paz.

Los Visigodos de la Galia nunca llegaron a unificarse con los nativos de los territorios dominados, por contra, en el norte de Francia los francos si llegaron a unificarse con los galorromanos, llegando llegando incluso a abandonar su arrianismo en pro de la unificación. Esta diferencia de criterios dio lugar a luchas en las cuales los Visigodos sufrieron la derrota de Vouillé en 507, lo que les obliga a huir hacia el sur, adentrándose entonces en la península ibérica, la cual dominaron con cierta facilidad.

Migraciones pueblos godos
Migraciones pueblos godos
El pueblo hispano, harto de que los romanos los tuviesen como esclavos vio con buenos ojos la nueva invasión no oponiendo resistencia, y pensando que las cosas mejorían con estos nuevos gobernantes. Pero los recién llegados también viven al margen de los nativos y se instalan en campamentos provisionales llamados vandalen haus, palabra que daría origen a Vandalaus, luego Andalaus y Andalucía finalmente. Una vez asentados definitívamente, se organiza el gobierno de las ciudades y los campos, que quedan bajo el control de los condes. Los siervos pueden trabajar libremente para quien quieran. De toda formas, se mantienen las clases y los godos no se mezclan con los nativos hasta finales del siglo VII, cuando ya es inminente la llegada de los árabes.

Los visigodos establecieron su corte en Toledo, aunque durante un periodo esta estuvo radicada en Sevilla, concretamente durante el reinado de Amalarico, Teudis y Teudiselo, mientras Atanagildo la traslada a Toledo.

La Hispania Visigoda
La Hispania Visigoda
Los enfrentamientos por el poder y la religión, una parte de los mandos era arriana y la otra católica, se sucedieron durante años.  Justiniano, emperador de Bizancio, viendo la división existente entre los Visigodos, intentó conquistar el sur de Hispania, misión infructuosa. Los Visigodos eligieron entonces a Leovigildo como rey.
 
Con la llegada de Recaredo al trono, Sevilla vive sus mejores momentos: se amplían las murallas, se crean nuevos barrios y se levantan palacios e iglesias. Se desvió el río que en un principio discurría por la actual Alameda de Hércules y Arenal.

Cuando surge el enfrentamiento entre Leovigildo y su hijo Hermenegildo, que abandonó el arrianismo convirtiéndose al catolicismo y se autodeclarándo rey de Sevilla, este último pide ayuda a las tropas bizantinas, mientras Leovigildo, para evitar su posible acceso por el río, levanta un gran dique con las piedras de Itálica río arriba desviando su curso con el fin de provocar la una sequía en la ciudad.

En tiempos de los visigodos destacaron dos prelados sevillanos, hermanos y canonizados como santos: San Leandro y San Isidoro. El primero de ellos convirtió al catolicismo a Hermenegildo, que ya indicamos se sublevó contra su padre con el apoyo de la nobleza hispano-romana, fracasando en el intento y siendo ejecutado por ello. Tras la muerte de Leovigildo, Leandro destacó en el III Concilio de Toledo en 589, donde el nuevo rey Recaredo se convirtió definitivamente al catolicismo con toda la nobleza visigoda.

Recaredo en Concilio de Toledo
Recaredo en Concilio de Toledo
San Isidoro escribió un conjunto enciclopédico de veinte libros conocidos como Etimologías, especie de enciclopedia que glosaba el saber de la antigua cultura grecolatina en diversos campos, medicina, música, astronomía, teología, etc.. obra  gran influencia en toda la Europa medieval

El final del imperio coincide con la llegada al poder del rey Don Rodrigo, quien por diferentes motivos se ganó la enemistad de familias nobles. Al mismo tiempo, en Tánger, el conde don Julián, gobernador de Bizancio, colaboraba con los árabes para facilitar su entrada en España. En el 711 tiene lugar la famosa batalla sobre el río Barbate con la derrota de Don Rodrigo y las tropas visigóticas.

Historia de Sevilla I - Tarttesos y Roma
Historia de Sevilla III - La época islámica 



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10 de septiembre de 2014

La Torre de Don Fadrique - Leyenda - Sevilla

Torre de Don Fadrique - Sevilla
Torre de Don Fadrique - Sevilla
El CONVENTO DE SANTA CLARA, y su aledaña Torre de don Fadrique, amén de monumentos y de ser depositarios de obras de arte de incalculable valor, son los lugares donde se desarrollan dos de las historias más famosas de Sevilla, historias de poder, amor, celos, ambiciones.

Hoy trataremos la primera de ella en orden cronológico, la historia de la construcción de la torre por el Infante de España Don Fadrique, hijo de Fernando III el Santo, conquistador de Sevilla, y hermano asimismo del monarca Alfonso X el Sabio que relevó en el trono a su padre.

Fernando III el Santo (1190 ó 1201-1252), rey que reconquistó Sevilla el día de San Clemente del año 1248 contrajo matrimonio en 1220 con Dña. Beatriz de Suabia (1205-1235), noble alemana que le dió 10 hijos y de la que quedó viudo. De este matrimonio nacieron,

- Alfonso (1221-1284) futuro rey Alfonso X el Sabio.
- Fadrique de Castilla (1224-1277),
así como Fernando, Leonor, Berenguela, Enrique, Felipe, Sancho, Manuel y María.

Don Fadrique
Don Fadrique
A la muerte de Beatriz ( curiosamente bautizada como Isabel de Suabia y que modificó su nombre al casarse en España adoptando el de su hermana fallecida en 1212 ) Fernando III se desposó en 1237 con Doña Juana de Ponthieu, noble francesa mucho más joven que él, el monarca tenía ya 50 años mientras su esposa solo 17. De esta unión nacieron 5 hijos, Fernando, Leonor, Luis, Jimeno y Juan.
Tras morir el Rey en 1252 el trono pasó a su primogénito Alfonso, quedando la reina viuda viviendo en el Alcazar de Sevilla, lugar donde se encontraba la corte. La reina, que había vivido un matrimonio obligado, con un hombre mucho mayor que ella, el cual dedicó gran parte del tiempo a viajar y a conquistar tierras, quedó en Sevilla melancólica y con la sola compañía de sus doncellas. Ni tan siquiera sus hijos le servían de alivio a la situación pues, como era habitual en este tiempo, durante el día estaban dedicados a su formación y alejados de la madre para evitar influencias, viéndolos solo durante breves instantes cada día.

En este tiempo el Infante Don Fadrique viajó a Sevilla y se presentó ante la reina viuda, su madrastra, Fadrique tenía 27 años y Juana 25. Al parecer entre ellos surgió algo más que simpatía y comenzaron a verse con habitualidad, levantando críticas por esta situación.

Cuenta la leyenda que Fadrique, para poder verse en secreto con Juana mandó construir una torre cercana al rio; con la excusa de que era una torre de defensa y vigilancia se levantó la Torre que hoy lleva el nombre del Infante y donde se cree que se sucedieron las reuniones secretas entre los enamorados.

Alfonso X el Sabio
Alfonso X el Sabio
Mientras tanto ni la nobleza ni el pueblo vieron bien que la reina viuda tuviese una relación, no consentían en una futura boda y mucho menos les parecía lícito mantener amores incestuosos entre un infante y su madrastra viuda. Todo ello obligó al monarca Alfonso X a trasladar la corte a Toledo para alejarla de habladurias.

Cuentan que celebrándose el santo de la reina fueron enviadas invitaciones a la nobleza sevillana para acudir a una fiesta en palacio, no presentándose ningun noble en la misma; ante ello Juana decidió marcharse de Sevilla donde el ambiente le era hostil y regresar a Francia al amparo de su familia.

Los más románticos hablan que la Reina se despedía desde el barco en el que se marchaba agitando un pañuelo mientras miraba a la torre de su amado en la cual este contemplaba la escena y a su vez se despedia en la distancia de su gran amor.

La nobleza y el clero obligaron a Alfonso X a tomar cartas en el asunto y promover un juicio contra su propio hermano. Este juicio concluyó con una sentencia de culpabilidad contra Fadrique, acusado de amores ilícitos con la reina viuda y por haber faltado al decoro debido a la institución real. En Toledo, en 1277, Fadrique fué ajusticiado cumpliendo el mandato del tribunal.

El diseño de la torre presenta una altura de tres plantas levantadas encima de un amplio zócalo y rematada en azotea con almenas. Es una estructura cuadrada de diez metros de lado aproximadamente con una puerta de estilo románico.

Sobre la puerta de entrada de claro estilo románico se conserva una placa de la época de fundación con caracteres latinos y en latín y cuya traducción es la que sigue

Esta torre es fabrica del magnífico Fadrique, podrá llamarse la mayor alabanza del arte y del artífice: a su Beatriz madre le fue grata esta prole del rey Fernando, experimentado y amigo de las leyes. Si deseas saber la era y los años, ahora mil doscientos y noventa y dos (1252) ya existía la torre serena y amena llena de riquezas.


Torre de Don Fadrique - Sevilla
Torre de Don Fadrique - Sevilla


Torre de Don Fadrique - Sevilla
Torre de Don Fadrique - Sevilla

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